Te empeñas en hacer bien tu trabajo, independientemente de la motivación que tengas en ese momento cumples con tus tareas, y lo haces bien. ¿Y todo esto para qué?, ¿cuando se verá recompensado este esfuerzo?.
En un par de meses hará dos años. Sin ganas de trabajar en aquél momento, cobrando paro y estudiando, deseando tener unas vacaciones medio decentes... y buscando un trabajo relacionado mínimamente con la carrera, la perseguida utopía, ¿tres años para acabar haciendo ésto?. Te incorporas al mundo laboral tras varias pruebas y tests, una entrevista con alguien de RRHH (tan borde que te da la impresión de que no volverás a saber nada más de la multinacional en cuestión) y con unos atractivos argumentos económicos. Contrato de sustitución a través de ETT, nada excepcional hoy en día.
Te buscas la vida como puedes, y es que este trabajo solamente lo sabía hacer la persona sustituída, así que es lo que hay... espabílate. Cada vez asumes más tareas. La persona sustituída vuelve, ¿qué será de ti?. No hay problema, nuevo contrato. Hay una pequeña segregación en tu departamento, se crea una nueva empresa y se van, ¿y tú?. Tú te quedas donde estabas, nuevo contrato, más tareas. Los contratos se suceden unos a otros, con la eterna promesa por parte de la multinacional de acabar contatándote sin intermediarios: según parece, está claro que les interesas. Que lo demuestren, ya casi han pasado dos años...
"La recompensa del trabajo bien hecho es la oportunidad de hacer más trabajo bien hecho."
Jonas Edward Salk

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